El proceso interno de una competencia.
- Ina Molina

- 2 mar
- 2 Min. de lectura

Estoy convencida de que las dificultades que una competencia conlleva no se agotan en los 3-4 min sobre el escenario. No es el acto en sí mismo el desafío, como las inagotables horas de pensamientos rumiantes y cuerpo adolorido. Sin embargo, he encontrado a través de los años una curiosidad, aún insaciable, por revivir esta experiencia.
¿Competir o no competir? es la pregunta que muchos se hacen, de algo podemos estar segures y es que es experiencia que te confronta con la incomodidad de dar tu máximo esfuerzo sin ver resultados inmediatos. La mayoría de mis procesos competitivos han sido frustrantes, estresantes y devastadores; no obstante, cada una de mis experiencias en escenarios de competencia me ha regalado un aprendizaje alrededor de algún área de mi vida.
Cancún en 2023 me enseñó que el éxito se construye con disciplina, en Francia 2024 aprendí que mi cuerpo no puede vivir al límite, así que para Bali 2025 mi motivación fue adoptar mejores hábitos de nutrición y entrenamiento. Finalmente, Ciudad de México más adelante ese mismo año me enseñó a aceptarme tal y como era en el momento presente, a valorar el gran esfuerzo que había hecho para llegar hasta ahí aun estando lejos de mi mejor momento.
Actualmente, a unos días de viajar a Japón a mi próxima competencia, he tenido una inquietud en mi cabeza, pues cuando la gente me pregunta que cómo me siento me ha salido contestar: “la verdad muy incómoda de hacer esto porque yo lo que realmente quiero hacer es descansar.” Y es que, el cansancio me ha generado mucha inseguridad, realmente he pensado que no quiero competir porque no me siento capaz ni con la energía que para ello se requiere. ¿Cuánto tiempo he vivido en esta realidad de constante agotamiento?
Ha sido a través del tiempo que me he dado cuenta que tener un mejor desempeño en el escenario ha sido para mí un trabajo en conjunto con los cuidados para el bienestar personal; nueve horas de sueño y confiar en que todo va a estar bien son dos hábitos que he integrado a mi rutina de entrenamiento. Sigo aprendiendo de cada experiencia, me quisiera considerar una eterna estudiante, cuyo tema de investigación actual es el descanso y la calma.
Ser mi propia Coach se ha vuelto no sólo un camino de competencias sino también de exploración, de conocerme más y de cuidarme mejor. De intentar muchas veces así como fallar otras tantas, y poco a poco ver en cada intento una oportunidad para cultivar más amor y compasión hacia mí misma, más autoconfianza y determinación. Me entusiasma ver cómo mis objetivos profesionales empiezan a alinearse con mi propósitos personales, y eventualmente he podido ver que el valor de aceptarse y amarse a uno mismo tal y como uno es, es el verdadero triunfo. Para mí, eso ha sido vivir la Exotic Life.

